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Los Capítulos

PREÁMBULO

Acabas de acercarte, estimado visitante, a una nueva exposición de Las Edades del Hombre. Y es muy posible que te haya sorprendido el título de la exposición, voluntariamente en latín, Reconciliare. No se trata, como podría suponerse a primera vista, de hablar de algún concilio, ni el amable personaje del cartel es un obispo. Su sonrisa serena, el gesto inclinado hacia el visitante y la mano abierta y en actitud de ofrecerse, hablan del tema de nuestra exposición. Reconciliare en latín es tanto como reconciliar, que significa “volver a las amistades o atraer y acordar los ánimos desunidos”.

En la primera página de la Biblia leemos que al principio la tierra estaba informe y vacía; la tiniebla cubría la superficie del abismo (Génesis 1, 2). Los antiguos pensaban que lo primero que existía era el caos, el desorden incapaz de generar vida. Pero desorden y confusión también lo experimentamos en nuestro mundo de hoy. Algo de esto quiere comunicarnos el audiovisual que nos recibe.

Primero, nos habla de guerras, dolores y crímenes recientes entre los hombres, desde la primera guerra mundial, ahora hace cien años, hasta la guerra actual de Siria, con millones de muertos y refugiados, de miles de niños sin escuela y sin esperanza, de crímenes y de dolor, de hambrunas como la que afecta a más de veinte millones de hombres, mujeres y niños en África.

Después nos interroga: ¿Cómo ponerse delante de estas situaciones quien se considera cristiano, quien se tiene por ciudadano de un país moderno o, simplemente, quien se considera un ser humano solidario? La muestra que ahora empiezas a ver es un intento de respuesta a esta pregunta realista. Y en ella hemos elegido mirar con ojos esperanzados este mundo, y a sus hombres en él.

Capítulo I

Capítulo I

HERI - ANTAÑO

Un Dios reconciliador de los humanos en los tiempos primordiales.

Parece extraño abrir un libro muy antiguo para intentar comprender el presente más actual. Pero, si este libro es la Biblia, la cosa cambia. Porque es el libro básico de Occidente, que ha generado los mejores valores de nuestra cultura, los símbolos capaces de ayudarnos a entender la vida y la muerte, dos coordenadas fundamentales del hombre de todos los tiempos.

Las relaciones entre Dios y el hombre se cuentan en una interesante clave, que es válida para ayer y para hoy:

  • La vida del hombre no es lineal.
  • Dios ofrece siempre a los hombres el don de la vida y la esperanza.
  • Los seres humanos rechazan a Dios y apuestan por la violencia y la muerte.
  • Dios aplica entonces su justicia a los hombres, dejándoles con su dolor, con la muerte.
  • Pero Dios, que es lento a la ira y rico en misericordia, deja siempre una puerta abierta a la reconciliación, a la esperanza, a la nueva vida.
Capítulo II

Capítulo II

IN FIGURA - POR EJEMPLO

La historia sagrada de Israel y nuestra historia profana.

Para intentar descubrir las relaciones entre Dios y los hombres, y poner de relieve la oferta constante de reconciliación por parte de Dios, nos valemos ahora de la historia del antiguo Israel en el desierto. Lo hacemos siguiendo el modo de contar esta historia que encontramos en una salmo bíblico, un apasionante poema donde aparece de nuevo la oferta de vida por parte de Dios, el rechazo por parte del ser humano, la justicia de Dios en acto, y siempre una oferta de misericordia y reconciliación como palabra final de un Dios que quiere la vida, no la muerte del hombre pecador.

Toda la historia, contada aquí en bellas imágenes antiguas y modernas, puede condensarse en estos pocos versos del salmo 78:

Hizo portentos en la tierra de Egipto... Pero ellos se rebelaron contra el Altísimo... Entonces la ira de Dios hirvió contra ellos... Él, en cambio, sentía lástima, perdonaba la culpa y no los destruía, acordándose de que eran de carne, un aliento fugaz que torna.

Capítulo III

Capítulo III

HODIE - HOY

Dios sigue ofreciendo a todos la reconciliación por medio de Jesucristo

Hasta aquí nos hemos movido en la evocación y la historia, una historia singular, que nos ha descubierto que el Dios de la Biblia es justo pero no vengativo, paciente pero no indiferente, amigo de los hombres pero no ciego ante sus fechorías, sabedor de sus pecados pero misericordioso siempre, consciente de nuestras traiciones aunque abierto en todo momento a la reconciliación.

Pero sobre todo hemos descubierto que el camino del Dios de la Biblia nos conduce hasta Jesús de Nazaret, el nuevo Adán, el liberador decisivo, el hijo de David, el hijo de María, el Hijo de Dios. En Jesús Dios hace presente su amor por los hombres:

Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. (Carta a los Romanos 5, 8)

Jesús mismo se ha encargado de mostrarnos como Dios está abierto a la reconciliación: perdonando a la pecadora que le enjuga los cabellos con sus lágrimas, porque tuvo mucho amor, liberando de la muerte a la mujer adúltera hipócritamente acusada por hombres, buscando a la oveja perdida, hablándonos de Dios Padre misericordioso.

Capítulo IV

Capítulo IV

SEMPER - SIEMPRE

El ministerio de reconciliación encomendado por Dios a la Iglesia

En la última etapa de nuestra visita a la exposición Reconciliare miramos a la vida de cada día, y nos preguntamos: ¿cómo experimenta y vive el cristiano de a pie la reconciliación con Dios y con los demás de manera concreta?

Jesús quiso hacer visible, experimentable y palpable la misericordia sin límites de Dios, su perdón siempre disponible, sus brazos tendidos para el abrazo reconciliador. Así nos lo cuenta el evangelista san Juan después de la resurrección de Jesús:

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros... Sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos (Juan 20, 19-23)

Desde entonces, la Iglesia cumple el mandato de Jesús perdonando los pecados. Lo hace mediante el sacramento de la reconciliación o sacramento de la penitencia. Un signo externo, el encuentro del penitente con el sacerdote, que hace realidad el encuentro del cristiano con Cristo. Nuestra exposición muestra ahora ejemplos de penitencia y de reconciliación, así como la fe sencilla de los cristianos en el perdón de Dios mediante el ministro de la Iglesia y mediante la reparación del mal hecho. Las bulas de indulgencias aquí encontradas son un ejemplo de la fe sencilla del cristiano en la eficacia del perdón de Dios, así como del esfuerzo por reparar el daño de los pecados mediante obras de misericordia.

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